CONTEXTO Y ANTECEDENTES

Fue en el año 1982. Apenas comenzaba la década de los 80 del pasado siglo cuando la ACD-La Hoya vio la luz por primera vez. Dicho de este modo, deberíamos añadir, que hubo en aquellos momentos, como a lo largo de su trayectoria, instantes de desalentadora penumbra, que sin embargo, no han impedido que cumpla veinte años de historia. Pero como decíamos era 1982, y trascurría el tercer año de la primera legislatura municipal de la democracia en la ciudad de Elche. La actividad asociativa también crecía a la par que la coyuntura social y política del momento. Es en este contexto donde aparece la entidad asociativa que protagoniza estas páginas, tras diversos intentos en los años precedentes. La pedanía de La Hoya ya conocía entonces algunas agrupaciones de otro cariz, como la comisión de fiestas, pero que hasta aquel momento no habían cubierto de forma permanente las demandas y expectativas de los más jóvenes.

Cuentan los que vivieron aquellos días que, desde siempre, el interés deportivo y la rivalidad futbolística en la Hoya y las pedanías colindantes habían sido notables. Al mismo tiempo existía la necesidad de un espacio social para el encuentro y ocio de los jóvenes. Ambas demandas se intentaron subsanar con algunas iniciativas que nunca llegaron a asentarse debido a la falta de infraestructura, organización y apoyo. Ejemplo de esto es el equipo de fútbol juvenil que se creó algunos años antes con miembros de las distintas pedanías de Elche y que llegó a participar en torneos a nivel comarcal, o el modesto club social que se estableció junto a la Iglesia de San Antonio de Padua. Como pasatiempo principal, los adolescentes de la pedanía improvisaban sus actividades de tiempo libre entre las calles, jugando a la pelota, conversando bajo el árbol en verano, tomando algunas cervezas en alguno de sus bares o frecuentando la discoteca Sheila. Y fue en estos encuentros espontáneos donde se gestó, poco a poco, entre charlas y risas, la idea de crear, entre todos, una agrupación que permitiera hacer realidad las ilusiones que de todo tipo se tenían.